jueves, 12 de marzo de 2015

Ella y yo: Atascada en el aeropuerto

Cuando pensé que hacer las maletas, mientras que mis amigas daban vueltas por la casa, diciéndome lo mismo de siempre, era extremadamente molesto y hasta estresante  me di cuenta de que me había equivocado, y es que nada puede ser peor que esperar un vuelo atrasado por cuestiones climáticas, y sin contar la muchedumbre que esto había traído como consecuencia del mal clima.
        No es que no sea una persona sociable, pero la verdad es que tratar de optimizar el tiempo mientras uno está esperando, rodeado de personas hablando y niños llorando, no es lo más recomendable; mismo así la batería de mi preciada arma personal, mi notebook, está en sus últimas, lo que me conlleva a tener que esperar que alguna de todas estas personas se digne a sacar la suya del tomacorriente, y en lo que va de estas cinco horas nadie lo hizo , por lo cual me deja como alternativa dejar de hacer mi querido trabajo y apagarla, aunque esto implique tener que esperar sentada, gracias a dios, como una persona común y corriente, cuando en realidad no lo soy y nunca lo seré.
        Si tengo que rescatar algo de este hermoso tiempo que estoy pasando aquí en el aeropuerto, es que, no sé en qué preciso momento entre mi trabajo y mi prácticamente monólogo interno que he tenido, un precioso pastelito, como a mí me gusta llamarlos, se sentó a mi lado.
        Sé que es un poco estúpido pero estoy aburrida y disponible, y aunque puedo equivocarme, cuando me fije en su mano el rico pastelito no tenía ningún anillo ni marca de haber tenido uno, lo que hubiera sido claramente una señal de advertencia, pues en mi listas de NO, entran los casados o divorciados , y antes de que piensen que por ese motivo soy una mujer honorable tengo que decirles que no es eso lo que me detiene, sino el hecho de que sus estúpidas y aburridas vidas me dan asco, el casado porque después de un buen rato juntos se va alegando que lo espera su preciosa esposa en casa y que se siente culpable de haber hecho lo que hizo por lo cual me piden siempre que no los llame ni nada, y eso es en el mejor de los casos obviamente, todavía no entiendo cómo es que no se dan cuenta de que yo no llamo a nadie para esas cosas, y los divorciados tampoco se quedan a tras, no señor, sino que muchas veces pueden ser hasta peores y no por el hecho de que se sientan culpables y todo eso, sino que son los que si quieren que los llames o los persigas como una loca sicópata o mejor  dicho como la loca sicópata de su ex a quien no puede olvidar por más que quiera.
        Así que, como verán, no soy nada honorable sino que con mis vastas experiencias decidí que para problemas ya tengo bastantes y que esa clase de hombres solo son un problema innecesario en mi vida, más ahora que la tecnología moderna a avanzado y solucionado ese pequeño problema que las mujeres  teníamos hace unos cuantos años cuando no encontrábamos a un hombre para poder cubrir ciertos aspectos de nuestras vidas.
        Volviendo a la realidad, tengo que admitir que me equivoque, pues el lindo pastelito no está casado ni tiene novia, pero por lo visto si tiene novio por lo que estoy viendo y eso implica para mí una diversión imposible de llevar a cabo.
        Todavía no sé cómo es que no me di cuenta, aunque tengo que argumentar a mi favor que este sí que no parecía gay, o por lo menos nunca en mi vida he visto alguno con barba y desarreglado, pero bueno, siempre me puedo equivocar, además creo que a mí también me va a crecer la barba en cualquier momento como tenga que seguir esperando en este maldito aeropuerto.
        Al parecer mi aventura ha empezado mal, pero nunca puede ser peor.
        Gracias al clima los vuelos se reanudaron, y yo voy a poder viajar a mi paraíso personal y terrenal como dice la más zafada de mis amigas; y aunque tengo pocas de ellas, es a la que más aprecio, tal vez  será porque es la que no me hace preguntas que sabe que no voy a contestar o porque no piensa que me tiene que forzar a cambiar, y eso, realmente se lo agradezco.
        Ahora solo me quedan 18 horas y 40 minutos para llegar a destino, sin contar el tener que esperar mis maletas, que como siempre son pocas.

        Ya estoy pensando en lo feliz que me va a ser el poder conectar mi arma personal a un tomacorriente para poder hacer lo que me gusta, pero por el momento voy a utilizar este tiempo para planear todo, o por lo menos lo que se encuentra a mi alcance, ya que como en todo enfrentamiento, nunca se con lo que me voy a encontrar hasta que me bajo del avión y me subo a un helicóptero para llegar finalmente al corazón de la aventura, esa que hace que mi cuerpo vibre y se llene de adrenalina.

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