lunes, 16 de marzo de 2015

Ella y yo: Muerte al cerdo y al pasado

La tarde pasó como si nada, o eso era lo que los demás pensaban cuando veían a Jannette  tan tranquila haciendo su trabajo, porque ella por fin encontró un toma-corriente decente para su querida arma, decían los chismosos que se encontraban abrumados por tan potente personalidad que los había estado persiguiendo y apuntando con el dedo hasta conseguir lo que quería, pero no era cierto. Ella no estaba ni esta tan tranquila como parecía, sino, que en su fuero interno ella sabe que su vida, la que pensó que hacía ya tantos años había controlado, se está transformando en algo que no puede ni sabe cómo mantener en control. Ese algo que la asusta, que la mantiene alerta, en la espera de un nuevo cambio repentino, de ese cambio que  va  a acabarla por completo, porque aunque no pareciera, o por lo menos no por fuera, Jannette está completamente abrumada y fuera de sí.

        Jannette cree que el culpable de todo esto es Adam, que si él no se hubiera cruzado en su camino de nuevo todo esto no estaría pasando, que su vida sería la misma que desde hace unos años. Y cree rotundamente que lo que tiene que hacer para que todo mejore es darle un nuevo cierre a esa relación, la que tanto la afecto o por lo menos la afecto más de lo que ya estaba hasta ese momento. Y para eso va a aceptar su oferta.

        La noche está despejada, y las estrellas relucen en el oscuro y potente cielo. Ese cielo que he visto un millón de veces y que siempre me sorprende, para bien o para mal, el mismo cielo nocturno que me va a acompañar en mi misión, la que me va a ayudar a parar el descontrol en el que ha caído mi vida.

        Como siempre, Adam prefiere estar en lugares alejados y tranquilos, esos que tanto odio, pero que hoy amo, porque me van a permitir hacer lo que yo quiero con él.

        A lo lejos puedo distinguir una tenue luz, que se prende y se apaga llamándome, implorándome que valla con él, como en los viejos tiempos.

        A medida que me voy acercando más y más, puedo distinguir que el lugar está mucho más alejado de lo que pensé y que lo que creí hace cincuenta metros atrás que era una especie de carpa, son en realidad  dos arbustos de mediano tamaño. Él me está esperando tras ellos. Y de repente la imagen me abruma, porque aunque no me guste mirar películas románticas, esto podría ser tranquilamente una escena de alguna de ellas, y eso es algo que yo no quiero, porque esto no es romántico ni nunca lo será.

-Adam.

- Jannette , te estaba esperando. Ya estaba pensando que no vendrías.

- Como crees. -Digo de forma sarcástica, aunque él no parece haberse dado cuenta.

- Me alegro.  –Me dice con una pequeña sonrisa asomándole por la comisura de su boca. La misma sonrisa de siempre. Esa que lograba ponerme loca por él, esa que ahora me genera asco.

        Poco a poco, mientras Jannette se encontraba jugando en la plaza del sarcasmo, Adam se fue acercando, y como en los viejos tiempos, la miro de pies a cabeza, mientras recordaba como esta pequeña mujer lucia hace ya algunos años, como le gustaba seducirla, para luego llevarla a la cama y usarla para su placer.

     *  Has cambiado mucho desde la última vez que nos vimos bien.

     *  La gente cambia Adam, y su cuerpo  también.

     *  Tengo que decir que tú has cambiado para bien mi pequeña niña.

     *  Ya no soy una niña.

     *  Me doy cuenta.

        Susurra con su encantadora voz y la mira directo a los ojos. Jannette puede ver en ellos ese pequeño pero arrogante brillo, que poseen  y que a lo largo de los años no ha perdido.

        Adam parece ver en ella un atisbo de duda, y decide apresurar las cosas. De repente Jannette se ve abrumada por el placer de sentir sus manos en sus senos, y la forma en que él los toca y masajea por encima de su ropa, y percibe que él no se ha olvidado de cómo tocarla y darle placer. Porque aunque ella sabe que él siempre la uso para su más básica necesidad no hay nada que prenda más a Adam que escuchar a una mujer gemir, y para ello tiene que saber cómo tocarla y cuando.

        ¡Sus manos están en mis pechos, sus manos están en mis…!

     *  Son, tal y como los recordaba.

     *  Hummm – no lo puedo creer, eso acaba de salir de mi boca, parezco una..

     *  Déjate llevar Jannette, déjate llevar como en los viejos tiempos.

        Y sus manos dejaron sus senos, para empezar a bajar, recorriendo y tocando todo a su paso, llegando a su cintura y recorriendola de costado a costado hasta encontrarse con el borde de sus jeans, para luego meter un dedo dentro y acariciar su piel, su dulce y tersa piel, mientras la besaba en el cuello. Pero esto no duro mucho tiempo, ya que la tiro al piso de la necesidad que sentía en ese momento de tenerla acorralada e indefensa abajo suyo.

        De esa manera el volvió a recorrer todo su cuerpo con sus manos y su boca, para luego desvestirla y poder apreciarla mejor, en todo su esplendor, como solía decir él. Y antes de que Jannette pudiera siquiera intentar hacer algo, él la poseyó, y enterrándose una y otra vez en ella  fue preso de sus necesidades más básicas, sin darse cuenta que la mujer que tenía en frente se regocijaba de toda la situación a su alrededor.   De esa situación de la que él no era consciente, y que muy pronto le arruinaría la vida.


        La mañana empezó como todos los días para Jannette, recolectando información y diagramando el día. Pero no se podría decir lo mismo de Adam, quien sin darse cuenta había perdido todo lo que quería en el mundo, esposa e hijo, ese hijo que no va a conocer, el cual su esposa le va a ocultar durante toda la vida. Una vida que lo va a condenar desde este preciso momento, ya que ella está viendo el vídeo, el vídeo de su infidelidad. Ese que Jannette con su amigo se encargo de grabar y enviar sin siquiera editar. El vídeo en donde se mostraba a Adam tal y como era.

        Si se preguntan sobre Jannette, tengo que decirles que el que su amigo la haya visto fornicar no es uno de sus recuerdos más gratos, pero nunca se va a lamentar de lo hecho, porque para ella eso fue su liberación, la manera de cerrar una historia. y si piensan que es una crueldad, les tengo que decir que yo al principio también lo creí, pero al conocer su historia tal y como yo la conozco, lo apruebo. Yo lo apruebo.

        Cuando una piensa que está en el paraíso, el jodido y estúpido de mi jefe me corta todo, ¡es un pedazo de mier!, pero pensándolo bien el volver a casa no está del todo mal, es una forma de no tener que cruzarme con él de nuevo, y quien dice nunca más, las puertas a la muerte están abiertas todo el tiempo. ¡ Qué dices Jannette! ¡ Te estás volviendo loca de felicidad!

        Si, puede ser que este un poco loca, pero solo un poco, nada fuera de lo normal, bueno aunque pensándolo bien yo no soy normal y espero no serlo nunca.

        El hacer  las maletas, no fue un arduo trabajo, pues no tenía mucho, pero si fue una desilusión, ya que pensaba que darme un tiempo más, tal vez un mes o quizás un año, si, un año, eso es lo que me hubiera gustado.

        Y como siempre, el viaje en helicóptero fue un infierno para Jannette, y ni que decir de la espera en el pequeño aeropuerto, el cual tenía demoras por los tramites de más que tenía que hacer la gente dada la situación que se esta atravesando, en el cual seguía varada hasta el momento. Pero eso no es lo importante.



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