martes, 17 de marzo de 2015

Ella y yo: No todo es lo que parece

La llegada a casa, se demoro largo rato, pero eso no significo ningún problema para mi, salvo el mal humor, ya que no me agrada esperar. Pero más allá de eso, no tuve ningún percance, lo que casi se podría decir que es algo imposible, pues con toda la situación no es nada fácil lograr algo así.

        Una vez instalada en mi casa, decidí pasar el día sin hacer nada de trabajo y sin tener más preocupaciones que si esta el baño caliente para darme una relajada ducha.

        Luego de la ducha y ya aburrida, pues había hecho todo lo que estaba a su alcance en cuanto a lustrar su belleza , decidió mirar un poco de televisión , ya que pensó que una película no le vendría mal.

        Pero lo cierto es que ese día en específico no había buena programación, por lo que después de un tiempo de no encontrar nada para distraerse Jannette decidió apagarla. Cosa que tendría que haber hecho hace mucho tiempo, ya que el cartero había pasado mientras ella se estaba bañando y había dejado su próxima aventura en un encantador sobre color rosa y con perfume a bebe. Y como si Jannette me hubiera escuchado, de forma casi inmediata salió a la puerta, pues había creído escuchar un llanto proveniente de esta.

        Al abrir la puerta Jannette se encontró con el sobre y como un poseso se agacho a agarrarlo.  Si bien el color la había sorprendido, el que no tuviera remitente y oliera a bebe la deslumbro como una noche con sol, ya que para ella esto significaba un misterio, y eso para Jannette es como un dulce para un niño, algo que la excitaba y que le generaba expectativa y ansiedad. Por lo que entro rápidamente a su casa. Pero esta vez ya nada iba a ser lo mismo, ni para ella ni para nadie.

        ¿De quien  será esta carta, y porque esta perfumada?. No tiene sentido, yo no soy de la clase de personas que tienen admiradores secretos ni nada parecido. Hum , hum, lo mejor  va a ser que la habrá. Si. Abrirla es lo que tengo que hacer.

   Querida Jannette,

                                                        Puede que ya sea tarde para cuando recibas esta carta, pero quiero hacerte una proposición.

        Como tú sabes, eres la única familia que me ha quedado, y aunque yo sé que no eres muy maternal, mejor dicho para nada maternal (sin ofender), yo quiero que me hagas el honor de ser la madrina de mi precioso hijo Thomas.

        Yo entiendo que hace ya mucho tiempo que no nos vemos, ni sabemos nada una de la otra, y que quizás para ti es complicado aceptar mi proposición, pero te lo pido de todo corazón , prima mía, que aceptes.

        Sé que es mucho pedir, por lo que antes de aceptar me gustaría que conocieras a mi pequeño niño, así que te invito a su primer cumpleaños.

p.d: no faltes, van a estar todos.

                                                       Con amor tu única prima.

        Jannette leyó una y otra vez lo que decía la carta, pues ya hacia quince años desde que vio por última vez a su prima. La única prima que tenia, la única familia que le quedaba. Dejo la carta en la mesa, la miro muy detenidamente como si no supiera que era ese pedazo de papel y se levanto del sofá en el que se encontraba sentada. Se puso sus zapatillas deportivas y salió de la casa. Las personas que pasaban a su alrededor la miraban, y quien no la miraría con esas curvas habría pensado Jannette, pero lo cierto es que no la miraban por eso, sino por la expresión de su cara, que denotaba espanto, preocupación y cólera, pues muy en el fondo Jannette añoraba a su prima, esa prima con la que había pasado tantas aventuras de chica, y la que la hacia reír hasta en los momentos más adversos de su infancia.

        Jannette corrió, sin rumbo, pero corrió. Corrió como si alguien la estuviera persiguiendo, sin saber que la gente la miraba con cara de incertidumbre o hasta de preocupación. Sin saber ni por donde andaba. Su mente procesando todo lo ocurrido, desde Adam hasta la petición de su prima.

        Jannette paro. Por fin había decidido que hacer.


        Los días pasaron. Jannette se encontraba junto a la puerta color verde musgo, que estaba un poco corroída por los años y el clima, la misma puerta que cundo era pequeña le parecía enorme y la que cuando cruzaba la transportaba al mundo de la alegría y las aventuras. Porque para Jannette la casa de su prima era eso, una salida, un momento de tranquilidad y diversión, esa, que en su casa no encontraba, o no por lo menos hasta hacerse mayor.

        El timbre sonó una, dos, tres veces, hasta que Laura le abrió por fin la puerta, y después de un largo abrazo y una cálida bienvenida la invitó a traspasar la puerta.

        En ese preciso momento Jannette revivió su infancia imagen tras imagen, pues el lugar seguía tal cual y como recordaba, con sus paredes altas y coloridas, las plantas que se sobresalían de los macetones que se encontraban a cada lado del recibidor.

        Laura la guio hasta el jardín trasero el cual estaba que colapsaba de gente. Jannette vio la cantidad de niños  que junto con sus padres se encontraban en el lugar y pensó rápidamente que el haber ido había sido la peor decisión que alguna vez tomo en su vida. Pero ella se equivocaba.

        La tarde pasó tranquilamente y aunque pareciese incierto Jannette logro no solo familiarizarse con los niños ,sino que jugó y correteo por el poco lugar que tenía  junto con ellos.

        Al pasar los meses y relacionarse con su prima, Jannette logro darse cuenta que la vida familiar, esa que nunca le había atraído, no era tan mala como pensaba, que sus amigas eran felices igual que su prima, y que aunque los niños eran un gastadero de tiempo y dinero también podían llegar a ser la caja de la felicidad, esa que hace ya mucho tiempo ella no experimentaba, por lo que se tomo su tiempo para reflexionar  y darse cuenta de que aunque intentara nunca iba a poder tener una relación estable con alguien, ya que ella no era de las de ese tipo.






        Dos años después decidió probar con la inseminación artificial, pero no dio resultado pues sufrió un aborto a las pocas semanas ya que el embrión no era viable. Esto la desbasto, pero junto con la ayuda de sus amigas, quienes nunca la habían visto en ese estado, logro recuperarse y decidió adoptar.

        Los trámites resultaban interminables tanto que a sus 37 años Jannette ya se había dado por vencida.

        Días después de su cumpleaños el jodido y estúpido de su jefe, sí todavía trabaja con él, la mando de nuevo a Afganistán por un periodo de tres meses. Jannette no se opuso, ya que para ella era una forma de distracción y de descanso de estos 7 aburridos años de vida.  Y cuando pensó que ya estaba más calmada y despreocupada, pues su frustración había pasado a otros niveles, se entero que por fin, después de tanto tiempo, los trámites fueron aprobados. Así que con toda la emoción del mundo puesta sobre su rostro y su cuerpo, precisó contárselo a sus amigas. La comunicación en esos lados no era muy buena pero si fue efectiva.


        Cuatro semanas después, Jannette se dispuso a volver a casa, aunque su jefe le había negado el permiso para interrumpir sus labores.

        Y así, sin más Jannette uso todo el dinero que le quedaba para conseguir un boleto a casa, esa casa en la que iba a formar una familia, porque aunque no tuviera esposo, ni novio, ni ningún hombre en su vida, más allá del hijo de su prima, la sola imagen de un pequeño niño en sus brazos ya era una familia, su familia.

        Ya con todo preparado y llorando de felicidad, ella se despidió de la poca gente que la rodeaba y la quería, porque aunque no lo crean las almas ambiciosas y las almas perdidas se reúnen de tanto en tanto, ya que no pueden estar separadas , son una misma alma. Se dispuso a subirse a un helicóptero, eso que tanto la aterraba.

        Cuando las hélices empezaron a girar y por consiguiente el helicóptero a elevarse, Jannette se quiso bajar, pero ya era tarde.

        Las fuertes luces la segaron, el humo le impedía respirar  y el fuerte ruido compuesto por gritos y explosiones fue lo último que escuchamos.

        Desde aquel día en el cual me transforme en un susurro, no supe más de ella.

        Todavía no se, si alguien me ha escuchado, además de ella, o si me están escuchando, supongo que pensar y pensar es lo único que sé hacer  mientras  la soledad en la que me encuentro me consume por completo. Yo sabia quien era pero ya no más .Si alguien me escucha, haga el favor de informarme, quizás le pueda ayudar a usted.
                                                                                                            Fin.

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