miércoles, 24 de junio de 2015

María no está sola


Toda la vida uno va buscando lugares, personas, o hasta canciones que nos llenen el alma, que nos hagan sentir vivos, por eso muchas veces las personas recaen en bienes materiales que no tienen sentido, pero que hace que se sientan bien, como aletargados, uno más del montón, que lo haga sentir que pertenece a algo. Lo que estas personas no se dan cuenta es que lo que en realidad están buscando es amor. Sentirse unido a alguien de una forma inentendible, como si fuera un enlace de carbón.
Esta es la historia de María Sola, una joven que no encontraba su lugar en el mundo, así como muchos de nosotros tampoco lo encontramos, esa sensación de estar fuera de lugar o de resultar extraño para los demás, eso que nos hace únicos y especiales y que la gente sin personalidad rechaza.
María, como toda joven, quería ser aceptada y querida, por lo que trato de entrar en el mundo que la rodeaba, aunque no se sintiera cómoda. Paso de usar sus viejos jeans a unos más nuevos y apretados, cambio sus cómodos lentes por otros de moda que le molestaban, sus remeras estampadas pasaron a ser diminutas y su grande cartera, donde guardaba el libro que la iba a acompañar durante el día, paso a ser más chica, tanto que el libro ya no entraba, solo su teléfono y unas pocas pertenencias. María ya no hablaba como ella, porque era una María diferente, a la moda y sin palabras. Ya no era más María.
La poca gente con la que se hablaba ya no la recocía, porque ya no era la dulce y adorada María, había perdido todo su encanto, su lengua audaz aunque tímida, sus comentarios sarcásticos y sobre todo ese mundo mágico que la rodeaba.  Cuando la gente la miraba solamente encontraban a una chica, perdida y sola, entre medio de la multitud. Era una más de todas esas personas que caminaban sin rumbo entre medio de calles y vidrieras, sin saber a quién tienen al lado o quién es esa persona. Ella se encontraba inmersa en un mar de caras y caretas, con sonrisas escurridizas y exageradas, con saludos vacíos y alegrías compradas.
Poco a poco María se iba hundiendo en lo profundo de ese mar, hasta morir ahogada. Sin embargo, María no estaba sola. Sus viejos amigos la seguían buscando. Ellos entendían a la perfección lo que María sentía, y no la iban a dejar morir.
Morir en ese mar, es como perder el alma para toda la eternidad, es perderse a uno mismo, es no amarse más. El amor propio y sobre todo la aceptación de quien sos es lo único que te puede salvar. Así que, los amigos de María se propusieron recuperarla, después de todo puede que haya muerto pero en los libros todo puede pasar.
Como en un cuento, sus amigos fueron al rescate. Primero la invitaron a una reunión, la cual ella rechazo. Luego se dieron cuenta que había algo más fuerte que ellos, y que antes había sido su perdición, los libros. A María siempre le había gustado dejar volar su imaginación y escapar de la realidad, aunque sea, por un corto periodo de tiempo. Así que, la bombardearon de historias, algunas escritas por ellos y otras que sabían habían sido sus favoritas. La puerta de la casa de María se llenaba de dos o tres paquetes por día, al cabo de un mes María ya no tenía más lugar en su habitación en donde ponerlos y cayó al placer de la lectura nuevamente, como excusa para aplacar la invasión. Lentamente, paso a paso, fue mutando nuevamente. Dejo de usar la cartera chica, para volver a su antigua y amplia cartera, en la que si cabía su libro, sus remeras con estampado se volvieron a ampliar, cambio sus lentes de moda por los viejos y cómodos lentes, y los jeans apretados... Esos jeans se los quedo, después de todo le quedaban bien.
María se re descubrió y se acepto. Después de todo no estaba sola, tenía unos amigos que nunca la olvidaron ni la juzgaron. Ella era distinta, pero amada.

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