miércoles, 9 de marzo de 2016

Tres otoños y tu carta.



Me desperté con la sensación de tu mirada sobre mi cuerpo, como si buscaras algo tuyo en mi, pero al abrir bien los ojos  lo único que encontré fue una despejada mañana de abril. Desde mi pequeña ventana, la única en mi oscura habitación, puedo ver como la brisa mueve las hojas de los árboles, y la poca ropa que dejé colgando afuera se bambolea siguiendo el compás de la naturaleza, es una extraña postal que tengo el placer de ver en ésta mañana. Los colores que me rodean todavía son brillantes, sin embargo un día dura tres otoños para mi.

Hace ya 20 días que zarpaste rumbo al horizonte, sin un lugar concreto al que ir, ni un bago pensamiento de querer volver. Tus últimas palabras, si es que se puede decir de esa manera, quedaron selladas con tinta en un papel y tatuadas a sangre fría en mi cuerpo. Quiero que sepas que no te recuerdo con rencor, solo con pena y decepción, por haberme jurado eterno amor y haber desaparecido en el aire.

Cada noche, antes de ir a dormir, leo tu carta y acobijada en lo que antes era nuestra cama recuerdo los momentos que pasamos, cada tanto se me cae una lágrima, pero está bien, significa que todavía de alguna forma estás conmigo.
Te quería decir que te olvidaste en nuestra casa, mi casa ahora, tu perfume favorito, ese que te ponías cuando salíamos a pasear, o para alguna ocasión especial; estaba pensando en guardarlo por si lo queres venir a buscar, pero lo cierto es que tu aroma ya se está desvaneciendo de tu almohada y lo empiezo a extrañar. El aroma a madera y flores era lo único que me hacia dormir, y ahora estoy sintiendo la soledad de esta oscura y húmeda habitación.

Las personas todavía me preguntan por vos, y yo les digo que estás bien, que en estos días te encuentras trabajando mucho y eso los hace feliz, aunque a mi me hiere lentamente. No me gusta mentir, eso vos lo sabes muy bien, pero tampoco me animo a decir la verdad, porque sigo siendo muy orgullosa y no me quiero sentir más humillada de lo que estoy.
La única persona a la que le conté la forma en que me dejaste fue a Cleo, la gata, mi fiel compañera, mi humano con cuatro patas.

Sé que no vas a volver, y eso está bien, lo único que te pido es que seas un hombre de principio a fin y que a tu próxima pareja, si es que la vas a dejar al igual que a mi, no lo hagas dejando una carta y desapareciendo, porque eso no es leal ni justo.

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