Cuando me anamoré

Las gotas caían sobre el sofá de forma lenta, rítmica, y seductora. El suelo estaba apenas mojado, pero sabía que esto no era todo.
El aire acondicionado empezó a tirar aire caliente, y en comparación con el calor que hacía fuera del apartamento era frío y refrescante.
Las manillas del reloj empezaron a ralentizar su marcha, de forma desganada y jocosa, su bambolear sensual comenzó a ser cadencioso y lento, casi imperceptible.
El agua me estaba mojando los pies, las paredes se sentían más frescas, creo que era lo que necesitaban.
La televisión todavía me hablaba, pero no estoy segura de lo que me estaba diciendo, sus palabras se juntaban, se amontonaban en un sonido sordo, y adictivo.
Tenía mucho calor, no importaba cuanto me remojara mientras estaba sentada en el sofá del comedor, seguía haciendo calor, demasiado calor. Prendí el ventilador, y comenzó a formarse un tornado, le siguieron las olas, y por último un tifon.
Mi apartamento ya no me pertenecía, había perdido el control, el agua me controló.
Mi madre tiene razón, no puedo controlar mi magia cada vez que los sentimientos me sobrepasan. 

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