lunes, 18 de mayo de 2015

El resplandor de la noche caída .



La noche contemplada por los ojos de la realidad que la rodeaba creaban las vistas más bellas y terroríficas que alguna vez había visto.
Todo en cuanto fijaba su vista era brillante y espeluznante. No es casual que su vida sea un reflejo del universo, de la noche y del frío.
Todo lo que la rodeaba siempre estaba quieto y casi inanimado, como muerto y congelado. Sin embargo ella deseaba tanto salir de ese mundo y descubrir lo que había en el exterior.
Ella siempre se imaginó que pasando el horizonte debía haber algo más, capaz aventuras, quizás amor, pero lo cierto era que no podía llegar nunca. Por más que intentaba e intentaba nunca llegaba.
Supongo que nunca nadie le dijo que el horizonte es infinito y que solo la noche más oscura puede hacer que desaparezca aunque sea por un rato.
La frontero entre lo real y lo imaginario es muy fina, tanto como los hilos de la vida y en algún punto ella lo sabia; después de todo nadie tiene más certeza de eso que quien convive en la oscuridad y el frío de la soledad.
Parada en el medio de ningún lugar se encontraba, girando en busca de una clara dirección, un camino que le permita cruzar el horizonte. Nunca lo encontró, pero tampoco significó que se haya rendido. Miró todo cuanto estaba a su alrededor y decidió que podía hacer algo con ello.
Construyó paraísos en donde solo había desolación, le dio color y vida a las cosas que más le gustaban y permitió que su imaginación cobrara vida a su antojo.
Creó castillos de arenas movedizas, rodeados de hermosos mares de chocolate y barcos de nubes. Cuando estaba aburrida jugaba con las hadas o montaba en unicornios.
Vivía tantas aventuras como quería y controlaba todo a su alrededor.
Cada estrella tenía un nombre y cada luna era distinta, pero sin importar que, cuando cerraba los ojos todo volvía a ser terrorífico y frió.
La muerte es su reflejo más espectacula
r.

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