martes, 2 de febrero de 2016

Es cuestión de tiempo,o eso creo.


Todos debemos haber escuchado en algún momento de nuestras vidas un " No te aferres al pasado, tienes que seguir adelante" saliendo una y otra vez de la boca de personas muy cercanas o tan solo de algún conocido que ha querido dar un consejo común y que no requiere de mucha explicación, en otras palabras, todos lo entendemos. Pero, qué pasa cuando el pasado se transforma en presente en tan solo un segundo.
Creemos que el tiempo se puede controlar de alguna manera, contamos segundos, minutos, horas, días,semanas, pasado, presente y futuro, como si todo debiera ser clasificado, controlado y de alguna forma hasta editado. Está bien,pero qué pasaría si les dijera que soy diferente,que mi percepción del tiempo es un poco distinta, no sé si siempre ha sido así, pero hace un mes se a vuelto de esa manera.
El pasado se a transformado en presente, soy lo que no se recomienda.
Uno con el tiempo piensa que el pasado ya se encuentra muy lejos, pero la vida cada tanto nos hace replantearnos ciertas cosas, o ciertas personas, y los amores, esos amores que fueron pasado o no lo fueron? Creo que ese es mi dilema el día de hoy.
Hace exactamente un mes ha vuelto a mi vida un hombre con ojos verdes y sonrisa misteriosa, que me está poniendo el mundo de cabeza. Ya saben, donde hubo fuego, cenizas quedan; y nosotros fuimos una gran erupción.
La última vez que lo vi me prometió que volvería, yo no le creí, y ese fue mi gran error. A partir de ese día rehíce completamente mi vida, no soy de las que esperan ni el pasado ni el futuro, solo me cierro en mi pequeña caja de vidrio reforzado, como si me pudiera blindar al dolor, a la perdida y al amor. Todas mentiras, lo sabemos todos.
Lo cierto es que él volvió, tal y como me lo prometió, y no solo eso, sino que, lo volví a ver en el mismo lugar en el que hace casi un poco más de dos años me despedí de él.
 El tiempo se paró. Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo, el preciso momento en el que el pasado y el presente se transformaban en uno y mi mente colapsaba.
El primer hombre de mi vida se había teletransportado de un lado del mundo al otro y me miraba como si supiera que ese día iba a llegar, como si supiera que se iba a encontrar conmigo en ese lugar; recuerdo que cuando se dio cuenta que lo estaba mirando de arriba a abajo y viceversa , me regaló su preciosa  y pícara sonrisa que tanto amo.
Como una tonta me quedé parada observando al tiempo congelarse y sintiendo a mis pulmones colapsar, al igual que el ritmo desbocado de mi corazón que no sabía como palpitar. Todavía no estoy muy segura de cuanto tiempo me quede de esa forma y lo que es peor, creo que estaba con la boca abierta, esperando que me entre alguna mosca.
Tengo el vago recuerdo de él acercándose lentamente, como un lobo asechando a su presa hábilmente, mirando fijamente mis ojos y comunicándose tan claramente como siempre lo habíamos hecho en el pasado, tan solo con una mirada, una sonrisa y un pequeño y casi imperceptible gesto. Luego de eso, lo único que tengo seguro es la sensación de sus labios en los míos, de sus manos en mi espalda y de la necesidad de los dos, de recuperar el tiempo perdido y las caricias susurradas al olvido de lo que había sido un paraíso secreto.
Desde ese día he vuelto al pasado y lo he transformado en mi presente y mi futuro.
Si tengo algún arrepentimiento en mi vida no creo que sea sobre él.

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