sábado, 14 de marzo de 2015

Ella y yo: Un encuentro desastroso


Jannette tiene una tendencia a auto-destruirse, al igual que los pobres soldados, y es que su infancia la ha llevado a eso, la autodestrucción. Esa que en los momentos más difíciles la ayuda a salir del pozo, en el que generalmente se ve metida cuando se da cuenta que algún hombre es importante en su vida, y debido a eso es que ella es así lanzada y valerosa, sumamente independiente . Jannette disfruta de su trabajo, en donde no tiene tiempo para pensar en nadie más que en ella. Aunque las guerras que tanto la encienden a la vida, como un fósforo siendo prendido, no se produzcan todos los días, ella siempre  trata de encontrar como llevar su vida lejos del pozo negro.

        Todo parece ir bien por el momento, aunque por alguna razón que desconozco me siento nerviosa, de una manera desagradable, de esa manera que solo me pasaba cundo lo iba a ver a él. Pero que digo, me debo estar volviendo loca.

     *  ¿Jannette, Jannette Kirsh?- me llaman a lo lejos, e instintivamente me giro sobre mi hombro para darme cuenta que esa voz que tan solo unos segundos atrás la había escuchado cerca y tan familiar proviene de la persona atrás mío.

     *  ¿Adam?

     *  Si, ¡cuanto hace que no te veo! – me abrasa como si el tiempo no hubiera pasado, pero el tiempo ya pasó, para ser exactos cuatro años y doscientos días.

     *  ¡Hola Adam! ¿como estas?- digo sin muchas ganas.

     *   Bien, bien, y ¿tú? – pregunta como si en verdad le importara eso.

     *  Bien, gracias por preguntar.

     *  Supongo que tu marido no está muy contento de que estés acá, no es cierto?

     *  La verdad es que no tengo marido así que no creo que le interese. Y vos?- ¿por qué preguntaste eso Jannette? ¿es que acaso quieres saberlo tonta? No, no quieres.

     *  Pues se podría decir que mi esposa no está muy contenta que digamos, pero tú sabes cómo me gusta esto, así que… - oh,oh está casado, CA-SA-DO no puede ser .

     *  Si, entiendo

     *  Me tengo que ir, pero uno de estos días nos podemos volver a ver como en los viejos tiempos…

        Se fue, se fue de nuevo, y como si fuera poco está casado.

        De esta forma y con una invitación sexual rondando en el aire, Jannette, vuelve a caer en un pozo negro, ese mismo poso del que creyó haber salido hace ya cuatro años y doscientos días, ese en el cual se cayó cuando se dio cuenta de que su relación sexual se había convertido en otra cosa, en algo más, ese algo que sus amigas llaman amor, y el cual él no le podía entregar.

        Ya que él,al igual que Jannette ahora, no podía amar.  El enterarse de que él está casado, le genera a Jannette rencor, y odio a ella misma, porque por más que quiera no puede entender el por qué del cambio de él, y como si no fuera poco, trata y trata de compararse con quien quiera que sea su esposa en este momento, pero aunque sabe que no tiene sentido compararse con alguien a quien no conoce, lo hace igual, porque su amiga la autodestrucción ya está presente en ella.

        Calma Jannette, calma Jannette, me repito a mi misma como si fuera un mantra, y es que ver a este hombre de nuevo y en estas circunstancias me pone los pelos de punta y sin mencionar que me he dado cuenta que mi cuerpo no es inmune al suyo, y que si no me cuido la espalda voy a terminar accediendo a su invitación. Aunque a quien quiero engañar, me muero por volver a tocarlo aunque sea por una sola noche y rememorar los buenos tiempos, cuando esas grandes manos varoniles tocaban cada parte de mi cuerpo, empezando por mis muslos, subiendo a mis caderas, para luego volver a bajar hasta llegar a mis glúteos y proporcionarme una deliciosa nalgada, que lograba excitarme más de lo que ya estaba para ese entonces y después encargarse de mis senos, que con mis pezones ya erectos reclamaban ser tocados , besados y chupados por su carnosa boca…

        Con solo recordar, Jannette ya esta mojada como en los viejos tiempos, y aunque ella lo quiera evitar nunca va a poder, porque él fue el primero, el que se gravo en su cuerpo y en su corazón y al cual no va a poder olvidar hasta el día en que se muera o hasta que le agarre Alzheimer, lo que ocurra primero.


        La noche paso de forma tranquila, o eso es lo que los demás creen, porque lo cierto es que no pude pegar ni un ojo, y no porque tenga miedo o este sugestionada por el lugar en el que estoy, porque como buena periodista y con años de experiencia duermo mejor que todos  los soldaditos de plomo juntos, ya que después de casi ocho años mi cuerpo se acostumbro al ruido, las luces y las sombras, esas sombras que mantienen despiertos a todos, menos a mí. Esas sombras que provienen de lo más profundo de uno y que se fundamentan con tus peores miedos, esas que te ponen paranoico y en alerta.

        Esas sombras son las que nos mantienen vivos. El miedo a morir es lo que nos mantiene con vida, y no porque no sea algo común, sino porque la mayoría de las personas, sean soldaditos de plomo o no, tienen algo  o alguien porque o quien vivir.

        Ese no es mi caso claro está, pues no tengo familia, ni mascota, y aunque tengo unas pocas amigas sé que si algo me pasara ellas no lo notarían, no las culpo, paso más tiempo en mi trabajo que con ellas, con suerte les mando un email o las llamo. Supongo que la vida me hizo así.

        Las sombras no son un problema para mí, sino, que mi problema es el pasado, ese pasado que me encontró por casualidad el día anterior, y el que me persiguió y me persigue hasta el día de hoy.

        Caer en la tentación es algo que disfruto a menudo, pero ésta, no solo es antigua y supuestamente olvidada, sino que tiene un estado civil inaceptable. Lo que me genera una gran contradicción entre mi cuerpo y mi mente.

        El que Jannette crea que no tiene sombras, es solamente una mentira que se dice a ella misma. La misma mentira que le dijeron desde que era tan solo una niñita, y que ella tomo como una verdad, y así es como ella vivió y vive, siempre mirando por arriba de su hombro izquierdo, especialmente cuando se le acerca algún hombre, lo que la hace dudar.

        Para no dudar y ser lastimada, Jannette hace lo que mejor le sale, controlar la situación y yo no la culpo, cualquiera que haya tenido una infancia como la que ella vivió, en donde siempre fue controlada hasta el punto en el que él le dijera que era lo que tenía que comer o que vestir, yo también de seguro habría querido controlar mi propia vida, y por qué no la de los demás.

        La cercanía de Adam no solo le trae una pelea entre su cuerpo y su mente, también le genera la dependencia de un hombre, esa de la que escapo tan pronto como pudo y a la que se prometió nunca volver.


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